Your Number Story

¿Por qué debería importarme la historia de mi número?

Cuando de niños estamos pasando por estrés severo y continuo, como ACEs o discriminación, los sistemas de respuesta al estrés de nuestro cuerpo se pueden quedar atorados en la modalidad de ‘encendido’ y pueden interrumpir el desarrollo de nuestros cerebros, nuestros cuerpos, y hasta nuestros genes.

Estas interrupciones nos pueden afectar en la niñez y pueden tener un efecto dominó a través de nuestras vidas.

Cómo es que las ACEs y el estrés tóxico nos pueden cambiar

Las ACEs cambia la manera en la que funcionamos, no solo la manera en la que nos sentimos. Explora cómo pueden cambiarnos de estas tres maneras: cerebro y cuerpo, epigenética, y cómo lidiar.

Nacemos con aproximadamente 100 mil millones de células cerebrales, e incluso antes de salir del vientre, nuestro cerebro está formando conexiones entre ellas, formando billones de vías neuronales.Esas conexiones le dicen al corazón cómo latir, a la mente cómo pensar, y controlan cómo nos sentimos y actuamos.

Las ACEs y el estrés tóxico le impactan especialmente al cerebro desde que nacemos hasta la edad de tres, aunque el estrés tóxico puede afectar de manera severa al cerebro mientras que se sigue desarrollando hasta que estamos en nuestros 20s, y a través de nuestras vidas.

El estrés tóxico también dispara la parte de nuestro cerebro que controla la respuesta de pelear, escapar o congelarse.

Esto puede dificultar que regulemos nuestras propias emociones. Puede hacer que concentrarnos y aprender sea mucho más difícil. Y puede hacernos sentir ansiosos o a la defensiva, aún cuando estemos seguros. 

El estrés tóxico puede hacer que nuestros cuerpos salgan de balance de muchas y muy diferentes maneras. Puede trastornar nuestro sistema inmune (que pelea contra las infecciones y la enfermedad crónica) y nuestros sistemas endocrino y metabólico (que regulan nuestras hormonas y convierten el alimento en energía). También puede trastornar nuestro ADN.

El ADN es el manual de instrucciones que dicta cómo es que se forman nuestros cuerpos. Hoy, a través del estudio de la epigenética, sabemos que el manual de instrucciones de nuestro ADN siempre se está editando.

 

Las etiquetas epigenéticas actúan como notas adhesivas en las páginas de nuestro manual de ADN, con instrucciones acerca de las partes que hay que mantener y las que hay que desechar. Estas le dicen a nuestro cuerpo sí hay que expresar o suprimir un gen en particular, y en qué medida.

 

Mientras que algunas de estas etiquetas no cambian, como cuál es el color de nuestros ojos, muchas se pueden ver influenciadas por lo que nos sucede. Así que nuestras primeras experiencias literalmente pueden cambiar nuestra composición genética.

 

Lo que es más, la ciencia nos enseña que las experiencias que le afectaron a nuestros ancestros se pueden pasar a las siguientes generaciones a través de estos cambios epigenéticos. Y que aún antes de que nazcamos, estos cambios se pueden transmitir.

Desde que somos bebés, obtenemos pistas y retroalimentación de las personas y el mundo que nos rodea. Un “toma y daca” cariñoso nos ayuda a desarrollarnos de manera sana.

 

Cuando nos topamos con un “toma y daca” enfermizo, o cuando se nos descuida, encontramos maneras de sobrevivir. Mientras que estas conductas protectoras nos pudieron haber ayudado durante la niñez, también pueden tener efectos adversos para nuestra salud y nuestro bienestar durante la edad adulta.

Todo esto puede sonar alarmante, pero hay buenas noticias.

La ciencia muestra que los efectos del estrés tóxico son tratables y se pueden prevenir.

Los posibles efectos para toda la vida

Los efectos del estrés tóxico que acarrean las ACEs y otras adversidades de la niñez, pueden infiltrarse a todo nuestro ser. Así que no es de extrañar que sus efectos pueden expandirse a cada área de nuestras vidas, a través de todas nuestras vidas.

La ciencia ha demostrado que mientras más alta sea nuestra puntuación ACE, más altas serán las probabilidades de que luchemos contra enfermedades crónicas como cáncer, diabetes, infarto cerebral, enfermedades del corazón, y depresión. Nueve de las diez causas principales de muerte se asocian con ACEs.

Todos queremos lograr nuestro máximo potencial. Si vivimos varias ACEs y estrés tóxico sin intervenciones ni apoyo, pueden haber muchas barreras para nosotros en la escuela, el trabajo, o las relaciones y podemos sufrir más problemas de salud, que hasta pudieran impactar qué tan larga será nuestra vida. Pero muchas personas que sufren muchas ACEs han encontrado maneras de sentirse mejor y vivir las vidas que quieren para sí mismos. Y la ciencia nos dice que nuestros cuerpos pueden sanar. Visita Sanarme para aprender más y para dar el siguiente paso.

Hay familias enteras que se pueden ver profundamente afectadas por ACEs y otros eventos traumáticos. A veces no se nota inmediatamente cómo las ACEs le afectan a los diferentes miembros de la familia, pero a veces sí. A veces hay sentimientos de vergüenza o culpa que vienen con las ACEs, y que pueden tener grandes impactos en nosotros y en nuestras familias, a muy largo plazo, si es que no se atienden.

Las probabilidades no son certezas

Este hecho es tan importante que lo estamos repitiendo. Las probabilidades no son certezas.

Tan sólo porque las estadísticas digan que algo es más probable no significa que va a suceder. Nosotros tenemos el poder de reducir los efectos del estrés tóxico para los niños en nuestras vidas. Y también tenemos el poder de sanar de los efectos del estrés tóxico provocado por nuestras propias ACEs.

Tú mandas. Tú tienes el poder. Y puedes escribir la historia de tu número.

Las ACE se pueden transmitir de generación en generación

Los efectos de las ACEs pueden transmitirse de generación en generación a través del comportamiento y la biología.

Epigenética, esas “notas adhesivas” que le dicen a nuestro ADN que exprese o reprima ciertos genes, entra en juego aquí también. La respuesta al estrés tóxico que traen las ACEs, pueden causar que el cuerpo etiquete ciertos genes de alto riesgo como “encendidos” (o genes protectores como “apagados”.) Esas etiquetas también se pueden pasar a tus niños.

El comportamiento que crecimos viendo de los adultos a nuestro alrededor, es lo que determina nuestra impresión de lo que es “normal”. Si crecemos en un hogar donde experimentamos o presenciamos abuso, por ejemplo, existen más probabilidades de que repetiremos el ciclo con nuestros propios niños.

Y aquí también hay buenas noticias

La sanación, fortaleza y resiliencia también se pueden pasar de generación a generación

Las experiencias positivas de la niñez pueden prevenir que ocurran las ACEs y el estrés tóxico, y también pueden reducir el impacto de las ACEs, manteniendo en curso el sano desarrollo de los cerebros y los cuerpos de los niños.

Las ACEs son lo que nos pasó, y no definen quiénes somos. Nuestra historia, y nuestro futuro, no están totalmente escritos. Depende de nosotros decidir lo que vendrá en el siguiente capítulo.

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