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Aprender acerca de las ACEs es lo que me ha ayudado a sanar

En 2014 sabía muy poco acerca del trauma y las experiencias adversas de la niñez. Pero sí sabía que yo misma había sufrido un trauma de niña y todavía estaba atravesando por los efectos negativos que me dejó. Para mí, se manifestó en adicciones, depresión, la necesidad de lastimarme a mi misma y comportamientos muy riesgosos durante mi adolescencia.

 

A medida que fui aprendiendo acerca de las ACEs, empecé a entender cómo los bloqueos de mi alegría y mi felicidad estaban directamente relacionados con mis experiencias de niña, y cómo las experiencias de mis papás también les habían limitado a ellos para ser padres capaces de nutrirme y cuidarme como yo necesitaba.

 

Cuando me volví mamá en 2012, sabía que tenía que concentrarme en cómo quería educar a mi hija y a que los niños que tuviera en el futuro no sufrieran la misma desconexión que yo sufrí de mí misma y de los demás. Tenía miedo de cómo iba a educar a mi niñita que ya estaba hablando mucho más y se estaba volviendo independiente. 

 

Yo había sido maestra en una guardería, me gradué de la universidad con un título en Desarrollo Infantil, leí todos los libros para padres y aprendí acerca del apego y el cerebro. Pero necesitaba más.

 

En 2014 me aceptaron en un programa de capacitación para convertirme en entrenadora de crianza no violenta, informada acerca del trauma, que inició una ancestral revolucionaria de la crianza que se llama Ruth Beaglehole. Yo ya había estado siguiendo su trabajo durante algún tiempo. Ruth nos guió a través de una inmersión profunda en lo que significaba el estudio ACES, no sólo para nosotros, sino para todos nuestros descendientes.

 

Aprendimos cómo la prevención de ACES estaba relacionada con el paradigma de la no violencia y cómo adoptarlo a través de dinámicas de "poder con" en nuestras familias.

 

Ruth me enseñó que al ser una defensora de la prevención del trauma a través de la práctica de la crianza no violenta, no sólo estábamos sanando a nuestra descendencia del pasado y del futuro, sino que nos estábamos sanando a nosotros mismos. Y a un nivel más profundo, poco a poquito estábamos sanando a nuestro mundo.

 

El primer día, Ruth nos dijo: “¡Esto NO se trata de ser padres, es un MOVIMIENTO por los derechos de los niños!”. A partir de ese momento, me emocionó mucho la idea de acabar con el trauma infantil en nombre de todos los niños, y especialmente me quería asegurar de que los padres latinos tuvieran esta información.

 

Entender las ACEs y luego enseñarles a los padres latinos acerca de ACEs me ayudó a sentir más compasión por mí misma y por todas las demás personas con las que me topé. También me dejó sentir empatía por mis padres, algo que se me hizo muy difícil hasta que lo hice en comunidad con otras personas que también querían acabar con los ciclos generacionales de trauma y violencia. Servir sigue siendo una fuerza poderosa, y mi motivación más grande.

 

Yo sólo quiero que mi gente sane.

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