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Tres formas en las que nuestras experiencias de la niñez nos pueden afectar como adultos

Durante los últimos 25 años, la ciencia ha avanzado mucho para conectar nuestras experiencias de la niñez a nuestra salud y bienestar como adultos.

 

Las experiencias adversas de la niñez (ACEs), no sólo afectan la manera en la que nos sentimos, sino que también pueden alterar la forma en que funciona el organismo. Nuestro cuerpo está programado para responder biológicamente al estrés. Y eso es bueno porque nos mantiene a salvo.

 

Pero cuando la adversidad o el estrés no desaparecen, o cuando no tenemos los recursos o el apoyo para procesar un trauma, la respuesta al estrés puede permanecer activa durante mucho tiempo y causar daños que pueden durar toda la vida.



Cuando la adversidad o el estrés no desaparecen, pueden causar daños que pueden durar toda la vida.

 

Estas son tres maneras en las que nuestras experiencias de la niñez nos pueden afectar como adultos:

 

Cerebro y Cuerpo

 

Durante nuestros primeros años de vida, nuestros cerebros están formando billones de conexiones neuronales; piensa en ello como la construcción de los circuitos del sistema operativo de nuestro cuerpo. Estas conexiones le dicen al corazón cómo bombear, a las hormonas cómo regular, a la mente cómo pensar, y más.

 

Cuando de niños sufrimos adversidades, especialmente si son crónicas o traumáticas, podemos desarrollar una respuesta de estrés tóxico, que puede interrumpir el desarrollo de los sistemas de nuestro cuerpo (endocrino, inmunológico, metabólico, cardiovascular y otros) y aumentar el riesgo de problemas de salud más adelante.

 

Otra forma en que las ACEs y el estrés tóxico pueden afectarnos biológicamente, no sólo durante esos primeros años, sino a lo largo de nuestra niñez, es atrapándonos en un estado crónico de lucha-huida-congelación. Esa es la respuesta natural de nuestro cuerpo al peligro, preparar todo nuestro ser para enfrentar al peligro, huir de él, o congelarnos.

 

Si de niños estamos constantemente en este estado, se puede activar la amígdala del cerebro o el sistema límbico (la parte que está conectada para protegernos del peligro) y prevenir el desarrollo de la corteza prefrontal (la parte que nos ayuda a controlar nuestras emociones y usar la lógica y la razón).

 

(Obtenga más información sobre la biología de las ACEs aquí)

 

Epigenética

 

Las etiquetas epigenéticas son como las notas de un editor, pegadas en las páginas de nuestro manual de ADN, con instrucciones acerca de qué partes conservar y cuáles cortar. Le dicen a nuestro cuerpo si debe o no expresar un gen en particular, y en qué medida.

 

Algunas de estas etiquetas genéticas no cambian, como el color de nuestro cabello o nuestra estatura. Pero muchas de estas pueden verse influenciadas por lo que nos suceda a lo largo de la vida.

 

De hecho, la ciencia nos está enseñando que incluso las experiencias de nuestros antepasados ​​pueden transmitirse a través de estos cambios epigenéticos, como notas adhesivas que pasan de una generación a otra y que le dicen a nuestro cuerpo cómo lidiar con esto.

 

(Para más información acerca de la epigenética y las ACEs, Haga clic aquí)

 

Capacidad para Lidiar

 

Las ACEs también pueden darle forma a nuestra vida adulta a través de los métodos que desarrollamos para lidiar con las experiencias que vivimos de niños.

 

Desde una edad temprana, tomamos señales de las personas y el mundo que nos rodea para tratar de aprender cómo responder. Cuando esas señales de “dar y recibir” son enriquecedoras, amorosas y predecibles, es más probable que nos desarrollemos emocionalmente (y físicamente) de manera sana. Pero cuando esas señales de “dar y recibir” no son saludables o son impredecibles, o cuando nos descuidan, desarrollamos formas de sobrevivir.

 

Aquí la biología juega un papel en el comportamiento.

 

¿Se acuerda que la respuesta de lucha-huida-congelación se atora en la modalidad de “encendido” cuando nos enfrentamos a las adversidades de la niñez? Esa preparación biológica para enfrentar al peligro, huir de él o congelarnos nos sirve cuando nos enfrentamos a un peligro real. Pero cuando esas respuestas se convierten en algo automático y ya no hay peligro, nuestros cuerpos pueden quedarse atorados en un estado desregulado y de alerta excesiva.

 

(Haga clic aquí para ver un video acerca de las dos partes de nuestro sistema nervioso y cómo equilibrarlas)

Sanación

Es importante darse cuenta de que no estamos “descompuestos” a causa de las adversidades o los traumas que hemos vivido.

 

Algo sorprendente es que somos resilientes a cualquier edad.

 

La ciencia demuestra que es posible reconfigurar las conexiones neuronales y provocar cambios epigenéticos de manera sana a lo largo de nuestras vidas. Así que, es posible no sólo sanar de los efectos de una respuesta de estrés tóxico provocada por las adversidades de la niñez, sino también proteger a nuestros niños y a nuestros nietos.

 

Hemos escogido herramientas para sanar, respaldadas científicamente, para ayudarle a dar el primer paso. Haga clic aquí para explorar.

 

Los ACEs son lo que nos pasó. Y mientras que pueden haber dejado una huella en nuestras vidas, no nos definen. Nosotros podemos decidir lo que sucederá en el próximo capítulo de nuestra historia.

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